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miércoles, 19 de febrero de 2014

Investigan a sacerdote por abuso de al menos 26 menores


MÉXICO, D.F. (apro).- El sacerdote Nicolás Aguilar Rivera –señalado como uno de los clérigos mexicanos que más violaciones ha cometido y que no ha sido juzgado gracias a la protección de la jerarquía de la Iglesia católica en México, encabezada por Norberto Rivera– abusó de al menos 26 menores durante su estancia de 10 meses en Los Ángeles, California, Estados Unidos.

Así lo revelan el archivo confidencial de la arquidiócesis y registros de la Policía de Los Ángeles dados a conocer este miércoles por los abogados de las presuntas víctimas, 25 de las cuales eran monaguillos cuando se cometió el abuso y una más se preparaba para ser sacerdote, precisó Anthony DeMarco, defensor de los demandantes.

De acuerdo con los documentos, cuando la Policía de Los Ángeles investigaba las acusaciones de abuso sexual por parte de Aguilar en 1988, solicitaron una lista de monaguillos de la última parroquia en la que el cura había oficiado.

No obstante, el entonces arzobispo de Los Ángeles, Roger Mahony, dijo a un ayudante que no entregara la lista bajo el argumento de que no quería que los chicos fueran alterados por la investigación, y además creía que los monaguillos eran demasiado mayores de edad para ser víctimas potenciales.

La declaración de Mahony fue obtenida por la agencia The Associated Press y es parte de la evidencia incluida en un acuerdo extrajudicial por la acusaciones de abuso sexual contra Aguilar Rivera y otros cuatro sacerdotes.

Archivos internos de la Iglesia sobre los sacerdotes acusados fueron dados a conocer el año pasado por órdenes de la Corte. En ellos se demuestra que Mahony, quien fue ordenado cardinal y se retiró en 2011, maniobró en las sombras junto con su principal asistente, monseñor Thomas Curry, para proteger a los violadores, controlar los daños y mantener a los parroquianos en la oscuridad.

Cuando los archivos se dieron a conocer, fiscales dijeron que los casos estaban fuera del estatuto de las limitaciones para proceso criminal que se aplican a autoridades de la Iglesia.

DeMarco señaló que el testimonio jurado de Mahony en el caso de Aguilar Rivera es significativo, porque es la primera ocasión en que se le interroga bajo juramento acerca de los abusos sexuales de clérigos desde que se dieron a conocer los archivos de la iglesia. Durante otras declaraciones los fiscales carecían de documentos para respaldar sus preguntas, añadió.

“En esta ocasión, cuando trate de usar la rutina de ‘no recuerdo’, pondré el documento frente a sus ojos y le diré: ‘usted escribió esto, ¿no es así?’”, señaló.

El abogado de la arquidiócesis, J. Michael Hennigan, dijo que Mahony no dio a conocer la lista de monaguillos porque no creía que ninguna de las presuntas víctimas estuviera entre ellos. Mahony se encontraba en Roma el miércoles y no estaba disponible para hacer comentarios, dijo Hennigan.

“Lo que recuerdo es que en el momento en que se escribió ese memorando no había indicación de que los monaguillos estuvieran involucrados”, dijo el abogado, quien agregó que Mahony trató “vigorosamente” de que Aguilar Rivera fuera llevado a Estados Unidos, para ser procesado luego de su huida.

“Lo que sé es que hubo un momento en que le dábamos a la policía cualquier cosa que nos pidiera y fue poco después de esto, pero no sé si la policía volvió a hacer la petición”, dijo acerca de la lista.

En enero de 1988 Aguilar Rivera fue acusado por dos familias, quienes dijeron que había hecho tocamientos inadecuados a los niños, y en un caso se metió a la cama de un niño tras beber demasiado en una fiesta navideña en la casa de la familia.

El sacerdote se enteró de las quejas por conducto de Curry y escapó a México antes de que la policía fuera avisada y hasta la fecha sigue en condición de fugitivo.

De acuerdo con la cifra que organizaciones civiles llevaron ante el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas y que en abril próximo presentarán ante el Comité de Tortura, Aguilar Rivera abusó de al menos 120 menores.

Los mexicanos que firmaron el informe Pederastia Clerical de mexicanos en México y en otros países. 1944-2013 señalaron que los crímenes cometidos por Aguilar han quedado impunes porque “en México el pederasta ha gozado siempre de total protección y encubrimiento de la Iglesia, de su propio obispo, Norberto Rivera, cuando era párroco en la diócesis de Tehuacán, posteriormente del arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca Pacheco, y finalmente del arzobispo primado, Norberto Rivera, cuando (Aguilar) regresó a la Ciudad de México”.

Según el registro que llevan organizaciones civiles, entre ellas Católicas por el Derecho a Decidir, de las acciones de Nicolás Aguilar, en 1987 –11 años después de que se convirtió en párroco de la Parroquia de San Sebastián en Cuacnopalan, Puebla– fue la primera vez que se habló de posibles violaciones por parte del sacerdote, cuando fue encontrado rodeado en un charco de sangre luego de ser golpeado por jóvenes con los que se presume sostenía relaciones sexuales.

En ese mismo año, el clérigo fue enviado a la Arquidiócesis de Los Ángeles tras una orden del obispo de Tehuacán, en ese entonces Norberto Rivera Carrera.

Ya como cardenal, Rivera Carrera reconoció que no pidió investigar al sacerdote Nicolás Aguilar, según fragmentos de un video inédito presentado el 26 de febrero de 2013 en CNN en Español.

En la declaración, grabada el 8 de agosto de 2007 en México y que forma parte de una investigación realizada por autoridades de Estados Unidos, el arzobispo afirma que funcionarios eclesiásticos no le pidieron su intervención en la acusación contra Aguilar.

En el video, presentado por la periodista Carmen Aristegui, Rivera apunta que el excardenal de Los Ángeles, Roger Mahony, le llamó para intercambiar información sobre el sacerdote, y le envió una carta el 4 de marzo de 1988.

“A grandes rasgos me recuerdo que me dijo que el padre tenía acusaciones de la parroquia donde, no me recuerdo el nombre de la parroquia donde servía, que había salido de Los Ángeles, y que le mandara información sobre sus familiares y sobre los lugares donde podría ser localizado”, respondió Rivera.

“¿Le pidió (Mahony) que usted investigara el paradero del padre Nicolás Aguilar Rivera?”, cuestiona el empleado judicial a Rivera. “No me pidió que investigara”, responde el cardenal.

Enseguida, las autoridades preguntan a Rivera si mandó a hacer una investigación después de la conversación telefónica con Mahony. El cardenal respondió que no.

“¿En algún momento, a partir del momento en que el padre Nicolás Aguilar viajó hacia la arquidiócesis de Los Ángeles, en el 87, y hasta la fecha, usted ha hecho una investigación de su paradero?”, le insisten. Rivera dice que no.

El cardenal explica que no pidió investigar el paradero de Aguilar, porque ya lo estaba haciendo la policía. “Así me lo informa el cardenal Mahony”, dice.

Según Rivera, Mahony dijo que tenía la intención de llevar al sacerdote ante la justicia, pero que éste ya había dejado Estados Unidos.

“Sabemos que él ha regresado a México, y nosotros queremos cooperar totalmente con la policía de Los Ángeles, para buscarlo y arrestarlo. Es necesario que este sacerdote esté detenido y regrese aquí a Los Ángeles. Es un trabajo que ya se está haciendo por eso”, dijo Rivera, al citar una carta firmada por Mahony el 4 de marzo de 1988.

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